Covid-19: ¿deberíamos realmente calcular el valor de la vida humana?

Mucha gente dice que la vida humana no tiene precio. Y, sin embargo, en el contexto de la pandemia Actual, el valor de nuestras vidas se calcula para la toma de decisiones sobre medidas de salud.

Estimar el valor de la vida: una práctica que no esperó al coronavirus

Todos se habrán dado cuenta: las medidas sanitarias debilitan la economía. Pero, ¿hasta dónde estamos listos para llegar? Para averiguarlo, los economistas calcular el costo de la vida humana. Como explica el diario británico The Guardian en un artículo del 14 de febrero de 2021, practicar este tipo de operaciones no es nuevo. Un ejemplo es la evaluación de compensación tras un accidente de avión o los costos de un nuevo tratamiento.

Dos principios dan forma a este tipo de evaluación: el valor de la fatalidad evitada (VPF) y el índice de años de vida ajustado por calidad (AVAC). VPF proporciona precio máximo aceptable a pagar para evitar muertes en una población. El índice QALY establece un valor monetario de un año de vida en perfecto estado de salud desde el punto de vista individual.

Además, si el VPF es bastante homogéneo, el índice QALY varía de un país a otro. En 2016, este índice rondaba los 50.000 euros en Suecia y cerca de 125.000 euros en Estados Unidos. En Francia, no existe, pero si fuera necesario, estaría entre 150.000 y 200.000 euros según un estudio publicado en mayo de 2020.

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Crédito: geralt / pixabay

No se tienen en cuenta los “costos ocultos”

En tiempos de pandemia como ahora, este tipo de pistas pueden ser útiles. Esto puede ayudar a determinar qué parte de la población debe vacunarse prioridad. ¿Deben vacunarse los ancianos (los que corren mayor riesgo) o los jóvenes (los más productivos)? En cuanto a las medidas de contención, el asunto se vuelve más complejo. En una publicación del 21 de enero de 2021, la IFRAP estimó que una semana de confinamiento cuesta entre 4 y 16 mil millones de euros a las finanzas públicas. En resumen, ocho semanas de encierro pueden costar hasta 128.000 millones de euros, o 185.507 euros por persona ahorrada.

Evidentemente, este tipo de cálculo no incluye los denominados “costes ocultos”. Puede ser daño psicológico, capaz de hacer que las personas pierdan productividad. Otro ejemplo es el impacto en el empleo juvenil, debido a una disminución en la calidad de la formación y sueldos más bajos.

Preguntado por The Guardian, el economista Julian Jessop recordó que no siempre es bueno poner precio a la existencia humana. Según él, tomar una decisión basada en enfoque puramente racional no siempre es la elección correcta. Da en particular el ejemplo del ex primer ministro británico Winston Churchill (1874-1965): “Imagínese si Churchill hubiera utilizado esta estrategia para decidir ir a la guerra contra el régimen nazi con el fin de salvar vidas en el corto plazo”.


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