Las ballenas son más codiciosas de lo que pensábamos, y eso lo cambia todo

Un nuevo estudio publicado en Nature señala que las ballenas barbadas en promedio comen tres veces más comida cada año de lo esperado. De hecho, los científicos pueden haber subestimado la importancia de estos gigantes para la salud y la productividad de los océanos.

Las ballenas barbadas influyen en sus ecosistemas al consumir inmensas cantidades de presas, pero también al reciclar los nutrientes disponibles en el mar abierto. Sin embargo, es difícil evaluar con precisión el alcance de este papel del ecosistema actual o histórico sin medir las tasas de alimentación y las presas consumidas. Matthew Savoca y su equipo de la Universidad de Stanford se pusieron manos a la obra.

Mamíferos más codiciosos de lo esperado

Como parte de este trabajo, los investigadores desarrollaron tres enfoques. Primero, utilizaron datos de 321 ballenas que representan siete especies de los océanos Atlántico, Pacífico y Austral. Todos fueron marcados con una baliza equipada con cámara, micrófono, GPS y acelerómetro. Estos datos, recopilados entre 2010 y 2019, permitieron al equipo buscar patrones reveladores para determinar con qué frecuencia estos animales participaban en conductas de alimentación.

Los investigadores también se basaron en fotografías de drones de 105 ballenas de estas siete especies para medir sus respectivas longitudes. La longitud de cada animal podría usarse para crear estimaciones precisas de su masa corporal y el volumen de agua filtrada con cada bocado.

Finalmente, los miembros del equipo se dirigieron directamente al mar equipados con ecosondas para dirigirse a los sitios donde se alimentaban las ballenas. Estas ecosondas se utilizaron para medir el tamaño y la densidad de los enjambres de krill y otras especies de presas objetivo de las ballenas.

Al combinar estos tres conjuntos de datos (frecuencia de las comidas, número de presas potencialmente consumidas y número de presas disponibles), los investigadores pudieron estimar con precisión el cantidad de comida ingerida cada día por estas ballenas y, por extensión, cada año.

El estudio encontró que una ballena azul adulta del Pacífico norte del este, por ejemplo, podría consumir hasta dieciséis toneladas métricas de krill por día, mientras que una ballena franca del Atlántico norte y una ballena de Groenlandia podrían consumir entre cinco y seis toneladas métricas de zooplancton pequeño por día. día. A modo de comparación, esto es aproximadamente tres veces más de lo estimado previamente.

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Crédito: Robert Baldwin

Cuanto más comen las ballenas, más defecan

Estos son datos cruciales. Este nuevo descubrimiento podría, de hecho, sacudir nuestra comprensión de la cómo circulan los nutrientes en las redes tróficas oceánicas.

Después de alimentarse bajo el agua, las ballenas suben a la superficie para respirar y liberar impresionantes columnas de excrementos particularmente ricos en hierro. Estos excrementos actúan como fertilizante para el fitoplancton, organismos microscópicos que extraen energía de la luz solar para realizar la fotosíntesis. El fitoplancton “fertilizado” es luego consumido por el krill, que luego es tragado por las ballenas, y así sucesivamente.

Por lo tanto, cuantas menos ballenas haya disponibles, más hierro que normalmente se distribuiría en la superficie se deposita en el fondo del océano, privando efectivamente al fitoplancton de este nutriente. Como resultado, tiende a limitar la capacidad de los ecosistemas oceánicos para absorber el dióxido de carbono que calienta el planeta.

Esto podría explicar por qué las poblaciones de krill en las áreas de caza de ballenas disminuyeron drásticamente después de que los balleneros mataron a millones de ballenas barbadas durante el siglo XX.

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Créditos: captura de pantalla / Programa de investigación de mamíferos marinos (MMRP)

Aliados contra el cambio climático

Luego, el artículo postula que la restauración de las poblaciones de ballenas también podría restaurar la productividad marina perdida y, por lo tanto, aumentar la cantidad de dióxido de carbono absorbido por el fitoplancton y luego consumido por el krill. Específicamente, el equipo cree que los servicios de reciclaje de nutrientes proporcionados por las ballenas antes de la caza podrían impulsar una mayor productividad marina en el Océano Austral.alrededor del 11%. Según los investigadores, esto podría promover la absorción y el almacenamiento deal menos 215 millones de toneladas métricas.

Restaurar las poblaciones lo suficiente para obtener beneficios significativos puede llevar algunas décadas, pero esta es la lectura más clara hasta ahora sobre el papel masivo de las grandes ballenas en nuestro planeta.“, Concluyen los autores.


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