En los Estados Unidos, los científicos están trabajando en una evaluación del impacto de los implantes en el cerebro en la vida diaria de los seres humanos. Estos mismos investigadores están intentando dar respuesta a los problemas relacionados con el uso de estos implantes y sus posibles abusos.

Simula la realidad virtual en el cerebro.

¿La implementación de la realidad virtual podría tener un impacto en la vida humana? Nancy Kanwisher estudia la organización funcional del cerebro humano como un posible ventana a la arquitectura de la mente. Con el equipo del MIT (Estados Unidos) que lidera, esta investigadora del Instituto McGovern para la Investigación del Cerebro está tratando de encontrar respuestas a esta pregunta.

En un artículo publicado por Atlantico el 27 de noviembre de 2021, el cirujano y cofundador del sitio Doctissimo Laurent Alexandre explica la investigación del MIT. Según él, podrían hacer posible simular (o “implementar”) la realidad virtual en el cerebro. “jugando” con el código neuronal. El primer paso es estudiar y activar intencionalmente el área en forma de huso de nuestra cara para comprender lo que los humanos podrían ver. Más precisamente, esta área es el área fusiforme de las caras ubicada en la circunvolución fusiforme, una región que a su vez se encuentra en el lóbulo occipital inferior derecho, la parte posterior del surco temporal superior. Sin embargo, esta área permite que nuestro cerebro en particular reconocer caras.

Nancy Kanwisher
Investigadora Nancy Kanwisher. Crédito: Instituto McGovern de Investigación del Cerebro

¿Imposible de configurar?

Según Laurent Alexandre, el interfaces cerebro-máquina tiene varios intereses. Esto puede, por ejemplo, ayudar a las personas paralizadas para que puedan actuar sobre su entorno. Entonces sería posible controlar un exoesqueleto, caminar mejor o incluso volver a caminar. Sin embargo, estas interfaces pueden tener otro interés, a saber, el de capturar ondas cerebrales para entender mejor cómo funciona el cerebro. En otras palabras, nos permite estudiar el vínculo entre nuestro pensamiento y la actividad eléctrica que recibe el cerebro.

Entonces sería posible saber si una persona ha cometido un delito o descubrir su posible condición de espía. Mejor aún, los científicos podrían implantar recuerdos en el cerebro o para interactuar con los Metavers (Facebook) y con el dispositivo Neuralink en el que están trabajando los equipos de Elon Musk. Entonces, obviamente, todo esto es ciencia ficción en este momento. Por otro lado, si es posible comprender el código neuronal, todo podría cambiar. De hecho, comprender este código permitiría “leer” en el cerebro, pero también crear experiencias en forma de alucinaciones, de alguna manera. Sin embargo, si estas experiencias se pueden generar con fines de entretenimiento, los delincuentes, las fuerzas del orden y otros gobiernos también podrían utilizarlas con fines de manipulación.

Los riesgos de malversación de fondos serían tan grandes que hoy es difícil imaginar el establecimiento de tal sistema. Sin embargo, un buen uso podría dar la posibilidad de tratar enfermedades psiquiátricas. Al igual que con la inteligencia artificial, las instituciones probablemente tendrán que definir un marco preciso para evitar abusos.