Los pandas tienen dos pseudopulgares para comer bambú. Pero desde cuando?

Durante su historia evolutiva, la mano del panda nunca desarrolló un pulgar verdaderamente oponible, sino algo parecido. Esta adaptación única les permite a estos osos consumir casi exclusivamente bambú. Pero, ¿cuándo apareció este rasgo? En un nuevo artículo, un equipo de investigadores informa sobre el descubrimiento del primer panda ancestral comedor de bambú equipado con tal “pulgar”.

Pandas y sus pseudo-pulgares

El panda gigante (Ailuropoda melanoleuca) puede ser miembro del orden Carnivora, pero su dieta es 99% basada en plantas, incluyendo mucho bambú. Y como no tienen estómagos con varias cámaras para extraer los nutrientes de la materia vegetal dura, estos osos gorditos deben consumir mucha para mantenerse (al menos trece kilos al día).

Para agarrar los tallos, los pandas usan un sexto “dedo” en forma de pulgar: el sesamoideo radial. No es un dedo per se, sino una extensión sobresaliente del hueso de la muñeca. Aun así, estos pseudopulgares son suficientes para permitir que los pandas realicen varios movimientos complejos, incluido agarrar los tallos para consumirlos mejor.

Los científicos han estado desconcertados durante mucho tiempo sobre este pulgar rudimentario. ¿Desde cuándo existe? Hasta ahora, la falta de una pierna fosilizada hacía imposible responder a esta pregunta. Los registros solo se remontan a 150 000. En realidad, este rasgo es mucho más antiguo.

En un estudio publicado en la revista Scientific Reports, un equipo de investigadores chinos dirigido por el Dr. Wang presenta evidencia que sugiere que los padres panda han estado usando pseudo-pulgares durante millones de años.

Un fósil que data de hace al menos seis o siete millones de años.

El fósil fue descubierto en 2015 en el sitio de Shuitangba en el sur de China. El Dr. Wang, el autor principal del nuevo trabajo, estaba excavando en una mina a cielo abierto con su equipo cuando se encontró con un hueso en forma de cuchara. ” Intuitivamente pensé que era un pulgar de panda fosilizado“, declaró.

La comparación del fósil con los esqueletos de panda modernos confirmó su intuición. Después de analizar varios dientes encontrados cerca, los investigadores determinaron que este pulgar falso pertenecía a Ailurarctos, un género extinto de panda que vivió en la era del Mioceno, hace seis o siete millones de años.

Como primer ejemplo de un pseudopulgar de panda, los investigadores esperaban que este “dedo” extra siguiera siendo muy primitivo. De hecho, era significativamente más grande que los que se encuentran en los pandas modernos. Sin embargo, a diferencia de los pulgares rectos del oso fosilizado, los pseudopulgares de los pandas actuales están curvados hacia adentro como un gancho, lo que facilita un mejor agarre.

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Reconstrucción de un artista de Ailurarctos. Créditos: Mauricio Antón

¿Sería esto un compromiso evolutivo?

Hacer retroceder el origen de los pseudopulgares de panda hasta hace millones de años plantea una pregunta incómoda: ¿por qué estos pseudopulgares nunca evolucionaron hasta convertirse en verdaderos pulgares para todo uso? En su estudio, el Dr. Wang y su equipo plantean la hipótesis de que el tamaño del pseudopulgar está limitado por la forma en que se mueven los pandas. Cuando no están descansando, de hecho caminan a cuatro patas. Sin embargo, la presencia de un sexto dedo real podría dificultar este modo de locomoción. El hecho de permanecer como una simple extensión saliente sería, por tanto, una especie de compromiso evolutivo. ” Lo necesitas para agarrar, pero también lo sigues pisando“, resume el investigador.

Sin embargo, no todos los investigadores están convencidos de este razonamiento. Juan Abella, paleontólogo del Instituto Catalán de Paleontología en España, señala que la presencia de un dedo extendido hacia la parte posterior de la pierna solo tendría poco impacto en la locomoción pandas Por lo tanto, las ventajas habrían superado las posibles desventajas. Recuerda que estamos hablando de un animal muy lento que a veces pasa más de dieciséis horas por día para comer.

Por ahora, la cuestión de “por qué” sigue abierta a debate. Sin embargo, el descubrimiento de fósiles adicionales podría algún día permitir decidir.