Los trabajadores nocturnos tienen peor memoria, según un estudio

Varios estudios ya han abordado el impacto del trabajo nocturno en la salud. Trabajos recientes han permitido comprender que el trabajo nocturno también genera una mala sincronización del reloj biológico que puede impactar en ciertas funciones cognitivas como la memoria.

Una interrupción del ritmo circadiano.

En 2016, un estudio de ANSES en Francia mencionó que el trabajo nocturno tiene un probable efecto sobre el riesgo de cáncer. Los investigadores también mencionaron otros problemas como los trastornos del sueño, el aumento de peso, la salud mental o incluso el rendimiento cognitivo. En 2014, otro estudio francés también destacó los riesgos deenvejecimiento cognitivo acelerado por el trabajo nocturno.

En un nuevo estudio publicado en la revista Occupational & Environmental Medicine, investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad Sigmund Freud (Austria) analizaron muchos factores entre 19.000 trabajadores nocturnos. La muestra incluyó representantes entre profesionales de la salud, socorristas, trabajadores y otros vigilantes nocturnos (seguridad).

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Créditos: chasdesign / iStock

Entre los factores analizados encontramos la vigilancia, la velocidad de procesamiento, la memoria e incluso el control de los impulsos. Sin embargo, según los científicos, los trabajadores nocturnos tienen peor memoria y están menos alertas. La razón dada no es otra que una falta de sincronización de su reloj biológico, en otras palabras, una interrupción de su ritmo circadiano. De hecho, estas personas a menudo no pueden dormir normalmente, lo que no sería sin consecuencias.

¿Es posible arreglarlo?

Para los investigadores, el ritmo de vida de los trabajadores impactaría sus respuestas a determinadas situaciones. En la medida en que el procesamiento de la información es menos claro, aumenta notablemente el riesgo de accidentes laborales, además de otros errores que pueden tener múltiples repercusiones. Por otro lado, es posible corregir posibles efectos secundarios de este ritmo escalonado de trabajo. Los investigadores aconsejan, por ejemplo, hacer pausas y, si es posible, siestas cortas durante la noche. Por ejemplo, las microsiestas de menos de diez minutos permiten la recuperación física y mentalmente. Esto entonces tiene efectos beneficiosos sobre el estrés, aumentando la energía y mejorando la concentración.

Finalmente, los científicos fomentan el desarrollo de literatura científica de calidad sobre el tema. De hecho, otros trabajos podrían finalmente conducir a la implementación de intervenciones prácticas para superar los trastornos neuroconductuales relacionados con el trabajo nocturno.


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